La mentira de Wendy

jueves, octubre 25


Queridos amigos virtuales,

Robert me llevó al internado esa misma noche. Al día siguiente estaba a punto de salir cuando llamaron a la puerta. Cuál fue mi sorpresa al ver que se trataba de Wendy, con su habitual mueca de total desaprobación ante el atuendo de cualquiera que no vistiera tan pulcra y recatadamente como ella.

Podía escuchar claramente a los duendes de la ira alzándose a mi alrededor, vociferando su grito de guerra. La verdad es que me costó apaciguarlos para no lanzarme a deshacer el moño que lucía en su rubia cabeza y borrar con él su estúpida sonrisa de superioridad. En lugar de eso, sonreí forzadamente.

Aunque por fuera pareciera serena y luciera una apariencia angelical, Wendy en realidad estaba hecha un demonio a causa de la cólera que le insuflaba la indignación. Se había convertido en la cabecilla de la búsqueda del ladrón de la capilla, una particular caza de brujas en la que yo sería la primera perjudicada si no me andaba con tacones de plomo.

—Hola Wendy, ¿querías alguna cosa? —pregunté sin poder evitar un tono de ironía.
—Querría que cambiaras tu forma de vestir y tus modales escandalosos, pero como no creo que a estas alturas sea posible, he venido para comunicarte que lo sé todo —noté que se me tensaban los músculos de la cara, pero sólo lo permití durante un segundo.
—Querida —me reí—, te agradezco el esfuerzo, pero si sirviera de algo yo también te haría recomendaciones tales como que usases un poco de maquillaje para relajar tus líneas de expresión, pero como sé que es inútil, lo único que te sugeriré es que te abstengas de hacerme saber tus deseos —cómo disfruté al ver que se le fruncía la frente—. Disculpa, me ha parecido escuchar que sabías algo, ¿el qué?
—Todo.
—No sabes lo halagada que me siento, querida Wendy, de verdad, y más viniendo de tu persona, pero disculparás que no sepa de qué me estás hablando.
—No te hagas la tonta conmigo, Pamela. Te vi ayer por la noche con el guardia. Haciéndoos esas muestras de confianza —acompañó sus palabras con una mueca de repugnancia—. ¡Con un hombre casado y en público! Hasta ahora pensaba que eras capaz de muchas cosas, pero no pensé que fueras a llegar tan lejos. Lo siento mucho pero voy a tener que informar de esto.
—¿Qué? —no pude evitar estallar en carcajadas, y la cara de extrañeza que puso Wendy no hizo sino hacerme reír aún más. Pasó largo rato hasta que recuperé el aliento, pero debo reconocer que Wendy aguantó estoicamente—. ¡Querida, no te preocupes! No hace falta que te inventes telefilmes para que me vaya, me marcho mañana mismo. Vuelvo a Barcelona.
—¿Y crees que con eso basta? Esto no va a quedar así. Todos van a saber lo que eres —me puse completamente seria ante su amenaza. Me importaba lo que pensaran de mí, pero me importaba aún más lo que pensaría la mujer de Robert si tal rumor llegaba a sus oídos.
—Wendy, ¿estás escuchando lo que dices? ¡No puedes basarte únicamente en que me vieras anoche saliendo de su coche para afirmar cosas tan graves! —estaba empezando a perder los nervios.
—Que Dios me perdone por lo que voy a decir, pero saliste de su coche con todo el aspecto de haberte dado un revolcón en el bosque. Ni siquiera llevabas zapatos. Y el abrazo con el que os despedisteis fue muy afectuoso. ¡Por el Espíritu Santo, sólo había que ver cómo te miraba Robert para saberlo!
—¡Qué! Cómo te atreves —mi tono se tornó implacable como el acero—. No tienes ni idea. Me perdí en el bosque, y si no hubiera sido porque Robert me encontró, quién sabe lo que me hubiera podido pasar.
—Entonces quizá hubiera sido mejor que siguieras perdida.

Cerré de un portazo, tan fuerte e inesperado que incluso escuché a Wendy gemir del susto. Tuve que cerrar porque si no, no sé de lo que hubiera sido capaz.

Eternamente vuestra, y presa de la cólera
Pamela

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Diamantes... 1

  1. Escrito por Anonymous Anónimo

    viernes, diciembre 21, 2007 10:26:00 a. m.

    Pamela, eres simplemente fantástica.

     

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