Christopher, mi guardaespaldas
martes 23 de mayo de 2006
Finalmente, ayer tuve la entrevista con los aspirantes a ser mi guardaespaldas personal. Tras el desagradable descubrimiento del acecho de Alfred, al que vi apostado esperándome en la puerta de mi hotel, el miedo ha impulsado mis alas para que tomara la iniciativa de rodearme de alguien especial que me hiciera sentir completamente segura. Alguien con unos músculos fuertes, dotado de un carácter impetuoso que pudiera tomar las riendas de la situación en caso de ponerse peliaguda y espinosa.
Tal privilegio no podía ser concedido a cualquiera, así que me propuse hacer un concienzudo examen de los aspirantes para que nada se me pasara por alto. Las conocidas que me los habían recomendado daban muy buenas referencias de ellos. Según me habían dicho, proporcionaban un servicio excelente además de un trato adecuado para una persona de categoría. Pero cuando le vi entrar por la puerta, supe que había subestimado el criterio de mis conocidas. No me había imaginado hasta qué punto ese trato podía ser caballeroso, exquisito, elegante y, además, masculino y viril.
Él fue el último en entrar en la sala del hotel en la que preparé la entrevista, y cuando se acercó a mí con tanta seguridad y me besó la mano con esa cortesía, noté como el calor recorría mi cuerpo como una ola hasta romper en mis mejillas. Desde ese momento supe que era él, que él sería mi guardaespaldas, pero me obligué a no precipitarme y continué con el proceso de selección, aunque no podía escuchar nada que no saliera de su boca.
Se llamaba Christopher y era guardaespaldas profesional, aunque me dijo que durante muchos años se había dedicado a la equitación profesionalmente, más concretamente a la doma de caballos. Sólo con imaginármelo sobre su montura en una tarde de verano mostrando su imponente torso, creí que iba a desfallecer allí mismo. Sin querer me imaginé rodeada por sus fuertes brazos, envuelta por su espalda, y me vi montada sobre su caballo como si estuviera en la teleserie Pasión de Gavilanes con mi Juan Reyes particular, pero me obligué a recuperar la razón.No podía dar ese espectáculo. Soy una dama y tenía que comportarme como tal. Pero queridos, me hacía sentir tan... femenina. Un incontenible torrente se apoderaba de mí cada vez que le miraba directamente a los ojos.
Como pude superé aquella dura prueba que el destino me había impuesto haciendo acopio de todas las fuerzas mentales que fui capaz de reunir. Entre ruborizada y trastornada sin siquiera saber bien qué decía, finalmente le ofrecí el puesto. Aceptó encantado dibujando una preciosa sonrisa en su rostro.
Mañana mismo se pondrá a mi servicio. Además de protegerme, será mi chauffeur.
Eternamente tuya desde hoy, mi Christopher
Pamela
Etiquetas: Mi vida
















martes, mayo 23, 2006 3:18:00 PM
que suerte tienes de encontrarte siempre con hombres tan masculinos e interesantes, oye no seas tan acaparadora deja un poco para los demás!! ;P
p.d: m encanta tu blog