Espejismo

domingo, octubre 21


Queridos amigos virtuales,

Una gota de chocolate se deslizó prematuramente del pincho de fruta que había sacado de la fondue y fue a parar desafortunadamente sobre mi barbilla. Me sentí ridícula cuando intenté limpiármela con la lengua y no la alcancé. Buscaba la servilleta cuando de repente vi que tenía delante el brazo de Robert.

—Así, ya está —dijo mientras me limpiaba con su servilleta como si fuera una niña. Yo no sabía ni dónde mirar, y sin darme cuenta, creo que sólo para poner fin a la bochornosa situación, presioné la rosa que llevaba en el escote y lancé una de sus espinas.
—¿Puedo preguntarte si eres feliz en tu matrimonio, Robert? —Su cara cambió al instante, poniéndose seria. Aquello sólo era reflejo de la culpabilidad que nacía de sus oscuras intenciones. Si no las tuviera, la pregunta le habría resultado hasta agradable. De acuerdo, no me miréis así, queridos, era evidente que las tenía, no pretendo hacerme la ilusa.
—Ya lo has preguntado —me miró fijamente durante unos segundos—. Sí, lo soy. Adoro a mi mujer.
—Entonces... ¿puedo saber qué es exactamente lo que pretendes?, ¿por qué me has traído aquí?
—Me apetecía cenar contigo, conocernos como amigos.
—Robert, ciertamente, la impresión que da la situación es bien distinta. Y no creo que lo ignores.
—Está bien —dejó la servilleta en la mesa y, tras un suspiro, prosiguió—. Desde que te vi el otro día y te reconocí, no he podido quitarte de mi cabeza. Es absurdo, lo sé. Pero de repente llegas tú... ahora, después de tantos años... Te parecerá una tontería, pero cuando era un chiquillo estaba enamorado de ti —el desconcierto me arrolló y me dejó el cerebro paralizado como si le hubiera vertido por encima un litro de alcohol—. Sí, Pamela, no me mires así. Es verdad que nunca me atreví a hablar contigo y que ni siquiera te conocía, entonces yo era muy tímido, pero así es. Recuerdo que solía observarte a escondidas, se te veía tan frágil, tan vulnerable... Aquél día en la capilla, cuando te encontré a solas, ni siquiera pensé en lo que hacía. Cuando fui consciente de que te había besado, me entró el pánico y eché a correr. Lo recuerdo como si fuera ayer, la luz de la mañana atravesando tu pelo, haciéndolo brillar como si fuera de oro —con actitud abstraída, me acarició el pelo—. Como un ángel. Luego te fuiste y nunca más supe de ti. Hasta ahora —me había dejado tan alucinada que las palabras habían echado a volar de mi mente.
—¿Qué pretendo? Yo qué sé, no sé ni lo que hago desde que te vi. No sé lo que me pasa —se le quebró la voz.

Ante mi asombro, Robert se llevó las manos a la cara y echó a llorar. Al fin reaccioné, y me acerqué a él para darle consuelo posándole la mano en el hombro. No dije nada, no hacía falta. Entonces Robert me miró. Su mirada estaba cargada del deseo que ha crecido durante decenas de años, estaba llena del amor que se tiene por las personas cuya imagen se ha idealizado con el tiempo. Me quedé absorta al contemplar todo aquello en sus ojos. Y antes de darme cuenta me había cogido y me estaba besando con una pasión que hubiera sido capaz de incinerar a cualquiera cuya culpabilidad no hubiera hecho acto de presencia. Todo aquello no era más que un espejismo del tiempo.

Es cierto que le correspondí durante unos instantes, pero después le empujé con la fuerza que me proporcionaba la culpa, cogí mi abrigo y salí corriendo buscando el amparo de la noche en el bosque.

Siempre vuestra,
Pamela

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Diamantes... 2

  1. Escrito por Anonymous Eva, ladrona de corazones

    jueves, diciembre 13, 2007 8:15:00 p. m.

    No si aún luego te quejarás de la maravillosa historia que te ha ocurrido...aunque, bueno, que un desconocido, en una especie de cita a ciegas, te limpie el chocolate que se ha vertido incidentalmente sobre tus labios...en fin, lo lamento, pero a veces la vida nos hace pasar por situaciones extañas.
    Tranquila, ponte un poco de carmín del tuyo que tus labios volveran a estar perfectos y nadie se acordará de lo ocurrido.

    Pamelaaaa, porque corrite hacia el bosque, haberte quedado!!!

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    viernes, diciembre 14, 2007 11:00:00 a. m.

    Querida Eva,

    Nunca me quejo de mis vivencias porque cada una de ellas, por extraña que sea es como un diamante que se añade al preciado collar de mi existencia. Ah, los hombres, nunca dejarán de sorprenderme.

    Dulce chocolate, dulces recuerdos. Mi Rouge Dior pondrá el rojo que siempre debió permanecer en mis labios.

    El motivo por el que corrí al bosque lo sabrás ya, si has leído mi siguiente escrito, querida, así que no me repetiré aquí, para alivio de todos los lectores de mi diario íntimo y personal.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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