La mujer de los ojos azules

domingo, marzo 16


Queridos amigos virtuales,

Aquella mujer era joven, calculé que aproximadamente debía tener la edad de Václav, y aunque no era especialmente atractiva físicamente, lo cierto era que desprendía algo que la hacía especial, aunque no sabía determinar qué era. Se me antojó pensar que esa cualidad era como el ingrediente secreto de un maravilloso martini.

Václav y ella discutieron durante unos segundos delante de mí, de los muertos del cementerio y de algunos turistas que en ese momento pasaban por allí, pero no me hizo falta entender lo que decían para saber que algo no andaba nada bien, sólo necesitaba prestar atención a la angustiosa sensación que se había instalado en la boca de mi estómago.

– Volveré enseguida, Pamela –me dijo Václav.
– No te preocupes, esperaré aquí –respondí, todavía patidifusa por la situación.

Acto seguido, Václav cogió del brazo a la mujer con cierta furia contenida y se la llevó. Mientras se iban, ella me lanzó una mirada furibunda. Instintivamente crucé los brazos sobre el pecho y me encogí. Estaba claro que me odiaba, sin embargo eso no hizo que me pasara desapercibida la gran desesperación que latía en el fondo de aquellos ojos azules. La mujer estaba aterrada, pero ¿por qué?

Impulsada por algún tipo de enigmática energía, me levanté del banco con el bolso entre los dedos y me deslicé de puntillas entre las grandes lápidas cubiertas de musgo. Si me hubiera parado a pensar lo que hacía, queridos, si hubiera pensado que posiblemente estaba sola entre miles de tumbas y rodeada por cientos de espíritus, hubiera caído fulminada de terror, pero estaba tan ocupada en descubrir lo que ocurría que afortunadamente no lo pensé.

Me agazapé tras una lápida discreta desde la que podía ver a Václav discutiendo acaloradamente con la mujer de los ojos azules. Por lo que parecía, no conseguían alcanzar una conclusión satisfactoria. Václav se mostró apático cuando la mujer se puso a llorar desconsoladamente, impasible cuando le gritó como una loca, y molesto cuando le abrazó e intentó besarle a toda costa.

El corazón me dio un vuelco al comprenderlo todo. Justo en ese momento una señora mayor pasaba por el camino de al lado de la lápida tras la que me encontraba oculta. Cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas que pasara de largo, pero cuando los abrí pude ver que no sólo me había visto, sino que además su cara había tomado un tono de ofendida indignación. Ahora que me lo planteo, queridos, ignoro qué me hizo creer que el alegre rosa de mi magnífico abrigo pasaría desapercibido en el sobrio paisaje del cementerio.

El rubor se apoderó de mi rostro cuando le imploré con gestos que guardara silencio. Señalé a Václav con la esperanza de que entendiera la situación. Para mi desgracia, la señora hizo todo lo contrario: se puso a gritar. Intenté ponerme en pie para salir corriendo lo más rápido posible cual intrépida fugitiva, pero el tacón derecho se me hundió en la tierra húmeda y perdí el equilibrio, cayendo bruscamente contra la lápida. Haciendo caso omiso de la fuerte punzada de dolor que me sacudió el hombro, me quité los zapatos de tacón, eché un último vistazo a Václav para cerciorarme de que no me había visto y, mientras me lamentaba de mi pésima suerte, huí descalza entre las lápidas en dirección contraria a la señora, que seguía lanzándome improperios como una posesa.

Abandoné el cementerio por una de las sinagogas, lanzando pequeños gritos de consternación ante la idea de llenar de tierra mis preciosos zapatos nuevos y de haber estado pisando descalza suelo santo. Llegué al hotel con un desagradable sentimiento de culpa en el corazón y un firme pensamiento recorriendo mi pamela.

La mujer de los ojos azules era la novia de Václav.

Siempre vuestra, y desencantada
Pamela

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Diamantes... 2

  1. Escrito por Anonymous NeoSangría de Rubíes

    miércoles, agosto 20, 2008 2:46:00 p. m.

    Oh-Oh-Oh ohohoh-oh-Oh,

    mi rosada Pamela, cuando tu felicidad se filtraba entre mis jonturas protésicas, descubres que hay otra! No me lo puedo creer.

    No obstante, Pamela, en viñedo santo las cosas no eran lo que parecían.

    Pocos días después de verme allí decidí dejar de pisar uva para evadirme un poco de este estado de embriaguez. Los leves minutos que estuve sobrio me sirvieron para dectectar, al otro lado de la parra en la que vivo, que hay otro chico adicto a la sangría que conoce la existencia de mi dios! Oh, él también va a la caza del Chico Sangría. Y no sólo él. Este campo de parra y viña está poblado por una inmensidad de jóvenes asangriados con una parra y un portátil tan rosado como el mío al más puro estilo Siddharta Gautama.

    Siempre rosado, y preocupado,

    NeoSangría de Rubíes

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    jueves, agosto 21, 2008 12:06:00 p. m.

    Querido Sangría de Rubíes,

    El tiempo no transcurre de la misma forma para todo el mundo, de eso estoy completamente segura. Tan segura como que todo el mundo en todas partes tiene personas que le someten a dificultades. Pase lo que pase, querido, no te dejes vencer.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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