Vuelo a Oz

lunes, marzo 17


Queridos amigos virtuales,

Sí, Václav intentó ponerse en contacto conmigo, probablemente después de que finalizara su conversación con la mujer de los ojos azules y de no encontrarme en el cementerio. Sin embargo, apagué el móvil y me preparé un baño con aceites esenciales y aromáticos pétalos de rosas rojas. Mientras el agua caliente relajaba mis músculos y suavizaba el dolor de mi hombro, un delicioso martini se deslizaba a través de mi garganta haciendo lo propio con mis ánimos.

Pasé todo el día en mi habitación meditando sobre lo ocurrido, y al día siguiente me volví a meter en la bañera para calmar el dolor que insistía en perforarme el hombro. Si bien este baño no resultó ser tan relajante como el del día anterior. Era la décima vez que llamaban a la puerta de mi habitación y lo cierto era que mi karma ya se estaba resintiendo. Aparentar que no escuchaba los golpes no estaba dando el resultado que esperaba. Hasta empezaba a considerar por primera vez que un baño relajante era infructuoso y superfluo, lo cual me resultó bastante alarmante.

– ¡Debo pedirte que te marches! –grité amablemente.
– ¡Pamela, abre la puerta! ¡Tengo que hablar contigo!
– ¡No creo que haya nada de lo que hablar!
– ¡Abre, por favor! –rogó Václav.
– ¡Lo siento, estoy dándome un baño! ¡Tendrá que ser en otro momento!
– ¡De acuerdo, no me dejas otra opción, voy a echar la puerta abajo!

Obviamente, queridos, no calculé bien el salvaje ímpetu de Václav, me di cuenta de ello al escuchar el primer golpe. Algo alucinada, salí de la bañera y me cubrí con una toalla, atravesé la habitación a toda prisa y abrí la puerta.

Por un momento creí que me había convertido en Dorothy y que un tornado se me llevaba volando al Reino de Oz para que pudiera hacer realidad todos mis sueños, pero antes de desmayarme el peso de la realidad me hizo recordar que estaba en Praga, y que un corpulento checo se había abalanzado violentamente sobre mí pensando que mi grácil cuerpo era el de una puerta de madera maciza.

Absurdamente vuestra,
Pamela

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Diamantes... 2

  1. Escrito por Blogger Fabiola

    jueves, agosto 21, 2008 5:22:00 a. m.

    querida, hay que tener un poco de cuidado, en Oz no todo es como lo cuentan y en este siglo, las brujas no creo q se derritan con agua...

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    jueves, agosto 21, 2008 12:04:00 p. m.

    Querida Fabiola,

    Seguramente tengas razón, pero me consuela que siempre tendré a mano unos zapatos de rubíes para volver a casa en cualquier momento.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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