Seducción fatal

miércoles, febrero 6


Queridos amigos virtuales,

Mala. Muy mala. Eso es lo que me había propuesto ser ese día. Dejar de lado mis valores para meterme en la piel de una Mata-Hari insensible y despiadada cuya única misión fuera embaucar y seducir a los incautos príncipes que me rodeaban.

Mi primera misión sería engalanarme adecuadamente. Elegí un Galliano negro con un amplio escote bordeado de pequeños volantes y el bajo salpicado de cristales Swarovski color ébano. Lo acompañé de unos pendientes vintage color sangre y de un delicioso fascinator. Terminé el trabajo con un maquillaje espectacular en tonos sombríos, excepto por el Rouge Dior de mis deseables labios.

Entré en la sala de fiestas lentamente, como si hubiera acabado en aquél lugar de casualidad y estuviera estudiando si merecía mi presencia. Me senté en una mesa distante en lugar de hacerlo en la barra como normalmente. Alessandro aún no me había visto, así que saqué mi nueva pitillera, encendí un cigarro y aspiré sensualmente el espeso humo. Fumar fue más sencillo de lo que me imaginaba, queridos, pero no conté con el espantoso e interminable ataque de tos que me sobrevino después. ¡Por Dior, con lo natural que parecía cuando lo hacía Rita Hayworth!

Tras regresar del tocador con el rimel restaurado, deseché la idea de inhalar más humo por mi propia seguridad. Crucé mis largas piernas y me recosté sobre la silla mientras miraba a Alessandro con ojos seductores. Cogí despreocupadamente el pincho de mi martini y me llevé la aceituna a los labios, haciendo que mi lengua jugara con ella. Era imposible que un gesto tan infalible fracasara.

Ya empezaba a sentir la lengua dolorida cuando Alessandro se dignó a mirarme, así que inflingí renovado ímpetu al movimiento, con tan mala suerte que la aceituna se salió del pincho y cayó en la copa, salpicando unas gotas que fueron a parar directamente a mi ojo derecho. Sentí un fogonazo seguido de un ardor indescriptible, y no pude evitar levantarme gritando como una posesa.

Alessandro acudió en mi auxilio y, echándome abundante agua, me ayudó a recuperar la visión. Le di las gracias y me marché apresuradamente, intentando huir del fantasma del ridículo.

Mientras el ascensor se elevaba, entendí que había recibido un castigo divino por mis malas intenciones. En la brillante superficie de las puertas se reflejaba una mujer con el pelo mojado pegado a la frente, el maquillaje desleído y un ojo rojo lleno de lágrimas.

Siempre vuestra, y sumida en austeridad
Pamela

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Diamantes... 2

  1. Escrito por Anonymous NeoSangría de Rubíes

    jueves, marzo 27, 2008 7:39:00 p. m.

    Oh, oh Sangría

    Mi rosada Pamela,

    ls prótesis de mi cuerpo me han susurrado un pequeño secreto que mis padrastros como escarpias me han confirmado. Debes ser natural. Lávate la cara, bebe tu martini y ves a por él. La tercera jarra de sangría de la cena te la dedicaré a tí, por que tu eres rosada :)

    Rosado, y muy natural (en el porcentaje que me deja el cuerpo biónico)

    NeoSangría de Rubíes

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    viernes, marzo 28, 2008 11:46:00 a. m.

    Querido Sangría de Rubíes, oh, oh,

    Creo que por el momento desistiré de más intentos de seducción, ya que pueden resultar peligrosos para mi delicado y frágil espíritu. Espero que tu cuerpo biónico se encuentre en tan buen estado como tu alma rosada. Rosa es la vida cuando pensamos en rosa...

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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