Príncipes y madrastras

lunes, febrero 4


Queridos amigos virtuales,

La conversación que mantuve con Linus el otro día me había provocado un cambio interior inesperado. Me percaté de ello cuando me sorprendí varias veces pensando en Christopher, o cuando me quedé mirando hipnotizada la forma en que cogía el volante con sus fuertes manos.

Pensé que a lo mejor debía dar un giro a mi enfoque emocional. Dejarme llevar y darle una oportunidad a pesar de que su alma estuviera débil, a pesar de que no hubiera superado aún lo sucedido con su familia. Arriesgar. La verdad es que, físicamente, no podía imaginar un hombre más perfecto que él. Era el príncipe del cuento de cualquier princesa, pero montado en un purasangre negro en lugar de en un corcel blanco. Y de repente, sin darme cuenta, me atreví a soñar que quizá fuera mi príncipe. ¿Y si era posible? ¿Y si mi terquedad me impedía ver lo que tenía delante de mis ojos a diario?

Los días siguientes intenté mirarle fijamente para que descubriera el cambio que se había producido en mi interior. Queridos, Dior sabe que lo intenté, pero cada vez que mi vista se cruzaba con la suya los duendes de la timidez saltaban sobre el ala de mi pamela para interponerla entre los dos. Y yo los maldecía una y otra vez por su osadía, lamentándome por no ser lo suficientemente valiente para hacerles frente. Incluso dilaté el atrevimiento de mis escotes.

—Hola, Pamela. Qué concentrada estás —no me había dado cuenta de que me había quedado parada en medio de la recepción del hotel mientras meditaba. La voz que me sacó de mis ensueños me puso inevitablemente alerta.
—Hola, querida, ¿cómo estás? —no pude evitar responder secamente.
—Bien, gracias. He venido a ver a Ale antes de volar. ¿Sabes si está por aquí?
—Supongo que está en el bar. ¿Te vas de viaje?
—Sí, a México. Sólo por un tiempo —la novia de Alessandro tenía una sonrisa a medio camino entre la picardía socarrona y la inocencia. Sus pronunciados pómulos eran sonrosados como los de Blancanieves, pero su mirada sagaz no dejaba lugar a dudas de que en realidad tras ella se encontraba la madrastra del cuento.
—Ah, ¿me permites preguntar el motivo?
—Por supuesto. Soy cónsul de mi país en Barcelona, pero también hago algunas gestiones en la embajada de México, por eso me veo obligada a viajar con frecuencia.
—Ah, relaciones internacionales. Suena interesante.
—Exacto, pero es más aburrido de lo que parece. ¿Tú a qué te dedicas?
—A mis labores.
—¿Disculpa?
—Sí, ya sabes. Estar al día de las últimas tendencias, es tan duro mantenerse a la última, querida, y hay tanta envidia que no se perdona ningún error. Mantener la línea a pesar de estar rodeada de seductoras tentaciones, seguro que sabes a qué me refiero, no se puede bajar la guardia, y gestionar mis tratamientos de salud y belleza —de pronto me dio la impresión de que Agnieszka estaba más atenta a lo que ocurría en la recepción que a mis palabras, pero yo continué con mi lista de ocupaciones—. Comprobar que todo esté perfecto en el hotel hasta el último detalle. Incentivar y cultivar mi vida social, frecuentar mi club, las fiestas importantes, etcétera. Mi agenda está tan concurrida que casi no me quedan minutos ni para consultar los últimos avances en cosmética y cirugía, aunque menos mal que mi siempre atento Michael me informa.
—Entiendo... —Agnieszka me miró con asombro. Seguro que no esperaba una lista tan extensa de imprescindibles quehaceres—. Bueno, no me interpongo más en tu apretado programa de actividades del día. Hasta la próxima.

No pude contestar porque sus últimas palabras las dijo de espaldas a mí, de camino a la sala de fiestas. Me pareció de tan mala educación que sentí que una fuerza malvada me susurraba al oído. ¿Y si mi exótico príncipe era Alessandro? Un príncipe venido de tierras lejanas, lleno de leyendas sobre antiguos brebajes mágicos. Sentí deseos de dejar de lado mis principios por una vez. Permitirme el lujo de pensar únicamente en mí misma, como hacen generalmente las demás, y dejar plantada a la ética, a la moral y a todos sus fastidiosos familiares. Al fin y al cabo, si una pareja se rompía era porque no se quería, ¿no?

Sinceramente vuestra, y escoltada por la tentación
Pamela

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Diamantes... 6

  1. Escrito por Anonymous mensajes

    viernes, marzo 07, 2008 5:05:00 p. m.

    Hola! primera ves que entro a tu blog, me parecio muy interesante y bien diseñado, debes ser una dama muy inteligente, la felicito y le envio un saludo desde E.U.

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    viernes, marzo 07, 2008 10:13:00 p. m.

    Querido Mensaje,

    Gracias por tus palabras, siempre son el aire que me anima a seguir narrando mi humilde vida en este diario tan íntimo y personal.

    Te envío energías para que continúes con la positiva y original labor de tu página, pues mucha gente necesita que a diario llegue magia a sus buzones de correos, para que la vida sea un poco más chispeante de lo habitual.

    Tuya desde hoy,
    Pamela

     
  1. Escrito por Anonymous Anónimo

    sábado, marzo 08, 2008 6:29:00 p. m.

    No sucumbas a la tentación Pamela, que sea él el que sucumba a la tentación...jeje

    Eva, ladrona de corazones

     
  1. Escrito por Blogger Miss Sinner

    martes, marzo 11, 2008 7:19:00 p. m.

    Tengo una regla muy simple: Dos personas están juntas porque las dos quieren. Nadie obliga a nadie.

    En el momento en el que una de ellas se marcha con otra, será porque no quiere estar con la primera ¿no? Si no, no habría "peligro".

    Un abrazo, Pamela.
    Voy a enlazar tu blog ;-)

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    martes, marzo 11, 2008 9:43:00 p. m.

    Querida Eva,

    ¡Hacía tiempo que no me visitabas! La tentación encarna muchas y deliciosas formas, querida. No te preocupes, pues no pensaba sucumbir a la tentación, sino todo lo contrario... El poder de lo sutil es más poderoso de lo que la mayoría de la gente cree.

    Siempre tuya,
    Pamela

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    martes, marzo 11, 2008 9:44:00 p. m.

    Querida Miss Sinner,

    Sin duda una sabia frase, aunque en general las circunstancias que nos rodean no son tan simples como me gustaría para aplicarla sin dificultades. Lamentablemente, siempre hay que elegir, y cada elección implica la no elección del resto de oportunidades. Una lástima.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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