Respira

martes, julio 22


Queridos amigos virtuales,

Estaba a punto de desfallecer cuando el aire entró en mis pulmones y respiré con la avidez con la que me hubiera bebido un martini los últimos días. Lo primero que vi fue la cara de mi jardinero, quien me arrancó del agua y me dejó sobre la hierba. Su barba era una delicia para la vista, así que la acaricié.

—Hola —susurré, y sonreí como una tonta. Feliz y mareada.
—Hola —contestó—. ¿Te encuentras bien?
—Eso creo. ¿Qué ha pasado?
—Te has caído a la piscina. ¿No te acuerdas?

Vi que Adam tenía una ceja rota, y la gota de sangre que se deslizaba sobre su piel se mezcló con mis recuerdos y se filtró por mis retinas. Una pequeña esfera de materia roja se me formó en el pecho. Me incorporé, tambaleante, y busqué a Christopher. Estaba saliendo de la piscina con el cuerpo lleno de arañazos que le sangraban profusamente.

—¡Tú! —aullé.

La esfera roja se dividió en dos y cada parte fue a uno de mis brazos, hinchando mis músculos a la par que abría mis fosas nasales. Aspiré todo el oxígeno que fui capaz. Noté que las venas de mi cuello bombeaban como una máquina. Enajenada, me lancé hacia Christopher y le empujé con tanta potencia que salió volando y se hundió en el centro de la piscina. Su cara de asombro no me inmutó.

—¡¿Cómo te atreves?! —le grité cuando su cabeza salió del agua.
—Lo siento —gruñó.
—¡¿Te has vuelto loco?! Coge tus cosas y márchate. Ahora mismo.
—¿Qué? —preguntó, confuso.
—Lo que has oído —espeté—. Te vendrán bien un par de semanas de vacaciones. A ver si así te tranquilizas.

Christopher salió del agua cabizbajo, pero me asustó la cara que puso cuando miró a Adam. Mi jardinero se tapaba la cara con una mano y estaba tan rojo que la sangre no se diferenciaba de su piel. Me señalaba con un dedo. Extrañada, miré lo que trataba de indicarme y quise que me tragase la hierba. Las tiras del picardías se habían roto y tenía los turgentes pechos al aire.

Solo cerrar la puerta de mi habitación rompí a llorar como una niña. «Respira», me dije para intentar apaciguar las convulsiones. Entonces llamaron a la puerta.

—Pamela, ¿estás ahí? —murmuró Christopher. No contesté. Tras un minuto de silencio añadió—: Ha llamado Alessandro. Dice que le llames porque alguien le ha dejado una nota para ti. ¿Pamela? —insistió. Tampoco esta vez recibió respuesta—. Me marcho ya. Lo siento mucho.

Intrigadamente vuestra, y bajo una lluvia de pétalos de angustia
Pamela

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Diamantes... 4

  1. Escrito por Anonymous nykaa

    lunes, julio 27, 2009 9:46:00 p. m.

    Mira he tenido un flechazo blogero contigo jaja,te cuento:
    Voy llendo de categoría en categoría para ver viendo todos los blog para luego votar, eh dado a CULTURA y así al tuntún el primero has salido tu, desordenada sin orden ni nada jaja.Y me encuentro con un mundo como me gusta a mi.Tipo los libros de Marian Keyes, tipo la película Sexo en Nueva York...mujeres al poder rosa jaja
    Me ha encantado encontrarte.
    Te segiré veniebndo a leer.
    Mucha suerte en el concurso..

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    jueves, julio 30, 2009 2:37:00 p. m.

    Querida Nykaa,

    Oh, muchas gracias por tus preciosas palabras, son como el cóctel que necesito para continuar. Sólo por haberte encontrado, querida, ha merecido la pena que Gregor me haya apuntado a ese concurso.

    Tuya desde hoy,
    Pamela

     
  1. Escrito por Blogger Kitty

    viernes, julio 31, 2009 11:17:00 a. m.

    ¡Estupendo querida!

    Ahora tu también has ganado mi voto... divertido y sonrojante pero... ¡ganado!

    Un beso,

    Kitty

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    martes, agosto 04, 2009 9:27:00 p. m.

    Querida Kitty,

    ¡Muchas gracias! Te dedico una sonrojada sonrisa virtual y, por supuesto, brindo por ti.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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