Salvando caballeros

viernes, mayo 9


Queridos amigos virtuales,

El trayecto en coche se me hizo muy corto. Bastó una breve llamada de teléfono para que mi escala de prioridades se reestructurara. Era sorprendente lo relativa que era la importancia de las cosas. Dentro de mí no reverberaban complots urdidos por hermanos secretos ni traiciones infligidas por cirujanos plásticos, sino que sólo tenía en mente liberar a mi querido chauffeur. Así que, ni corta ni glamourosa, me planté en la comisaría de policía hecha una furia, descalza y con la cabeza al descubierto aún, exigiendo a diestro y siniestro la liberación inmediata e incondicional de mi guardaespaldas. Acabaron por llevarme ante la presencia de un subinspector y, después de contarle mi historia por tercera vez, pensé que no me quedaría más remedio que llamar a mi abogado. Me sentía como una caballera andante luchando a golpe de palabra por liberar a mi príncipe de un malvado dragón.

– Por última vez –repetí, un poco exasperada– le repito que Christopher no tenía ninguna intención de robar esa motocicleta, Subinspector Castillo. –Su mirada sabuesa era de absoluto sosiego mezclado con unas gotas de desconfianza, lo que sólo conseguía ponerme más nerviosa–. ¡Por favor, si con su sueldo podría comprarse las que quisiera! Esto es completamente absurdo.
– Tranquilícese, señorita. Dígame, ¿y por qué la robó entonces? –me preguntó el Subinspector otra vez, mientras detenía sus ojos castaños sobre mis pies descalzos.
– ¡Porque pensó que me estaban secuestrando, ya se lo he dicho! Es mi guardaespaldas, además de mi chofer. Si incluso regresó para devolverla – argumenté.
– Está bien. En cuanto pague la fianza podrá marcharse.
– Esto es increíble. No, quiero que destruyan su ficha –insistí tajantemente.
– Lo lamento, pero ya le he dicho que eso no es posible –sentenció, volviendo a mirar los papeles que cubrían su mesa como si ya no me encontrara allí.
– ¿Es que no se da cuenta? ¡Esto le perjudicaría en su carrera como agente de seguridad! ¡Podrían denegarle la renovación de su permiso de armas o algo!
– Debió pensarlo antes de robar esa moto.
– Está bien, no me deja otra opción –amenacé mientras intentaba rescatar mi móvil del caos que reinaba en mi bolso. Sólo conseguí sacar el zapato que aún conservaba en mi poder. El Subinspector Castillo contrajo la cara en una mueca para no reírse.
– ¿Qué hace? –me preguntó.
– Llamar a mis abogados. A lo mejor cree que soy una vagabunda o una desequilibrada porque he tenido un percance con mis complementos –dije al señalar con el zapato mis pies desnudos y sucios de caminar por la acera. La ola de vergüenza que se me echó encima me abrumó, aunque de un manotazo la aparté de mí–, pero va a descubrir que soy una persona con amigos muy influyentes. No le quepa duda de que esto no va a quedar así. Yo soy buena persona, pero pienso hacer que le echen antes de consentir que destroce la vida de Christopher. No se merece eso, ¿sabe? –Los ojos se me inundaron mientras seguía buscando el teléfono sin éxito–. Ha tenido un coraje ejemplar a la hora de protegerme. Esto es muy injusto. Siempre ha estado ahí para cuidarme cuando lo he necesitado. En una ocasión impidió que me matasen o algo peor, o sea que no pienso dejar que nadie arruine su vida por una tontería.
– Señorita, no llore.
– La reputación de mi fiel guardaespaldas, ultrajada sin motivo. No es justo y no pienso consentirlo –continué.
– Está bien, señorita, pero no llore. No soporto ver llorar a una mujer –comentó el Subinspector, ofreciéndome un pañuelo con el que me sequé las pestañas.
– Sepa que no se merece algo así porque es una buena persona –proseguí–. Es fiel y atento, y en todo el tiempo que lleva a mi servicio sólo ha cometido alguna pequeña equivocación sin importancia. Además, nunca me habían tratado con tanta descortesía como en esta comisaría.
– Hagamos una cosa –me cortó–. Tráigame a su amigo, el que dice que se llevó el coche con usted dentro, y veremos si con su declaración la chica retira la denuncia. –Parecía que mis lágrimas habían conseguido ablandar un poco el corazón del Subinspector Castillo.
– ¿La chica? –balbuceé, intentando que no se notara en mi cara el espanto que me suscitaba la idea de tener que ir en busca de James, Valentino, o comoquiera que se llamase.
– La dueña de la moto.
– ¿Es una chica? ¡Por favor, s'il vous plaît, please –rogué lanzándome a sus manos–, déjeme hablar con ella! Yo la convenceré.
– ¿Pero cómo va a hablar con ella?
– ¿Y por qué no?
– Porque no tiene forma de contactar con esa chica, ¿o es que cree que está aquí?
– ¿No está? ¡Oh, qué contrariedad! –exclamé soltando bruscamente las manos del Subinspector sin darme cuenta. Era obvia la sugerencia que debía hacer–: Entonces facilíteme su número.
– No puedo hacer eso.
– ¡Por favor, se lo ruego!
– Ni hablar. Lo siento. Tráigame a su amigo, es lo único que puedo hacer por usted. Y ahora, si me disculpa, tengo mucho trabajo que hacer y no puedo retrasarlo más –concluyó, acompañándome a la puerta–. Que tenga un buen día.
– Gracias, Subinspector Castillo. Usted también. Y gracias de nuevo –repetí antes de que el Subinspector consiguiera cerrar la puerta.

Salí de comisaría y, mientras tomaba otra vez el taxi que me había traído desde la clínica y restauraba mi maquillaje, ideé un sencillo y maquiavélico plan. Supe que había llegado la hora de infringir la ley. Era el momento de dejar emerger a mi malhechora interior y ser ilegal por una vez.

«Y lo haré por ti, mi querido Christopher. Está vez seré yo quién te salve».

Ilegalmente vuestra,
Pamela

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Diamantes... 2

  1. Escrito por Blogger Fabiola

    miércoles, marzo 04, 2009 12:58:00 a. m.

    Cariño, las leyes son para kien tiene el poder o el dinero y tu posees las dos, ademas que tienes toda la delizadeza y el glamour que muchas quisieran... anda cariño, sigue con tus planes, todo sea por tu cristopher!

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    viernes, marzo 06, 2009 11:31:00 a. m.

    Querida Fabiola,

    El poder y el dinero... Sí, nunca me había propuesto ejercer influencias a través del poder o del dinero, imagino que porque no lo había necesitado. De todas formas, no estoy del todo segura de que sea lo correcto, pero mi Christopher lo merece. Gracias por tus palabras, querida. Eres un cielo.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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