Manchas de tinta

jueves, junio 26


Queridos amigos virtuales,

Después de la noche de miedo que había pasado me moría por servirme un martini, pero no pensaba hacerlo bajo ningún concepto. Mi psicoanalista me había dicho que no debía tomar alcohol si quería que Orlov me dejara en paz. Sí, ya sabéis, queridos, me refiero a la pantera imaginaria que me acechaba en las sombras. Seguramente había sido ella la que me había acosado en mi habitación.

Pedí hora de urgencia con Linus e hice que Christopher me llevara aquella misma tarde. Mi chofer seguía estando raro conmigo, pero no tenía fuerzas para preocuparme por eso. Le dejé y entré a la consulta de mi psicoanalista. Los gestos de Linus me hicieron saber que estaba preocupado por mi repentina llamada. Le conté lo ocurrido y su semblante se ensombreció.

—Tu miedo a la oscuridad se está reavivando —afirmó Linus.
—¿Cómo? ¿Por qué? —pregunté atemorizada.
—No lo sé —dudó mientras se acomodaba la corbata—. Por lo que me has contado no ha habido ningún catalizador para esos terrores nocturnos, excepto la pantera de la que me has hablado. ¿No me dijiste que de pequeña tenías miedo a la oscuridad?
—Sí. También tenía miedo a los insectos y a muchas otras cosas. Mis padres me llevaron al psicólogo y se me quitaron. Los miedos y los tics.
—¿También tenías tics?
—Ahá. Al parecer tenía muchos —recordé mientras me recolocaba la pamela—. Me encantaba ir al psicólogo porque le contaba mis cosas y me hacía dibujar. No sé cómo, pero me lo quitó todo menos el tic del hombro, aunque nadie se da cuenta de que existe porque es muy sutil. Yo tampoco soy consciente de que lo hago.
—¿Ese movimiento que haces a veces con el hombro es un tic?
—Sí —me reí. Saqué la polvera del bolso para comprobar mi maquillaje—, es lo único que me quedó tras mi paso por el psicólogo. Bueno, y el miedo a las alturas.
—Entiendo —meditó acariciándose la perilla—. ¿Y has estado recordando algún episodio traumático últimamente? —Su expresión me dio a entender que se refería a algo concreto.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes.
—Oh, ¿hablas de Alfred? Sí, lo he recordado alguna vez, pero desde que cerré el piso de arriba no ha vuelto a preocuparme —aseguré—. Linus, tienes que hacer algo. No quiero pasar tanto miedo nunca más.
—Pamela, creo que deberíamos trabajar en el foco del problema. Ese miedo tiene que venir de alguna parte, y por lo que dices lo más probable es que venga de tu infancia. Deberíamos realizar otra sesión de hipnosis. Es la única forma de averiguar algo.
—Linus... —El tono de angustia de mi voz me sorprendió.
—Sé que no te gusta la idea —arguyó mientras mecía su pluma entre los dedos. Una gota de tinta se desprendió y cayó sobre una hoja de papel, expandiéndose como un trozo de noche hambrienta de luz—, pero no se me ocurre otra manera.
—¿Pero y si recuerdo algo nuevo de mis padres? No estoy preparada para otro descubrimiento de ese calibre. A lo mejor me vuelvo loca del todo —especulé. Aquella idea era como una mancha de tinta dispuesta a expandirse por mi cabeza hasta devorarla por completo.
—No digas eso. Tú no estás loca —afirmó, muy serio—. Mira, no pretendo presionarte. Sólo te pido que lo medites, y si después de pensarlo bien sigues sin querer hacerlo, no lo haremos.
—Está bien. Lo pensaré.

Estaba saliendo de la consulta cuando mi móvil decidió ponerse a cantar. En la pantalla parpadeaba la palabra «Michael», que silencié finalizando la llamada. No tenía ganas de charlas incómodas.

No sé por qué, pero antes de llegar a la limusina me detuve a mirar el teléfono otra vez y vi que tenía una llamada perdida. La llamada que había recibido la noche en la que el terror estuvo a punto de volverme loca había sido real. «Número desconocido», decía el celular. Otra mancha de tinta.

Intrigadamente vuestra,
Pamela

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Diamantes... 2

  1. Escrito por Anonymous Anónimo

    jueves, agosto 13, 2009 8:13:00 p. m.

    hola pamela...
    al leer tu relato he recordado que la obscuridad nos lleva a pasajes inimaginables que juegan con tu cordura y la cantidad de miedo que se desprende del cuerpo inunda el corazon... espero sinceramente que retomes el control de tus noches... situacion que no he podido controlar yo misma...

     
  1. Escrito por Anonymous Pamela

    viernes, agosto 14, 2009 12:34:00 p. m.

    Querida Anónima,

    Sí, es cierto, la oscuridad nos amenaza desde muchos ángulos en nuestras vidas, pero todos tenemos el fuego necesario en nuestro corazón para incinerarla y devolverla al lugar al que pertenece. Querida, búscalo porque está dentro de ti, esperando a que lo encuentres para llenarte de luz y calor.

    Siempre tuya,
    Pamela

     

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